Miguel Yusty

De diciembre a Semana Santa

Miguel Yusty

A esta hora y siendo ya 25 de marzo, los caleños todos estamos esperando que la Administración Municipal tome las medidas pertinentes para efectivamente contener el nuevo contagio del covid-19. Aguardamos que esta vez no vaya a reinar la laxitud, como sucedió durante todo el mes de diciembre. Los diversos acontecimientos que se sucedieron, a partir del día de las velitas, con ocasión del partido del América, y cada uno de los eventos generaron aglutinaciones en todos los puntos cardinales la ciudad.

Tal como se había anunciado, la cuenta de cobro llegó en enero y febrero, cuando se colapsó el sistema de salud y las UCI entraron en situación crítica y cuando remontaron su ocupación por encima el 90%. Está comprobado que las medidas y los protocolos que se acuerdan se convierten en letra muerta, porque después de cierta hora el tapabocas y el distanciamiento se vuelven un saludo a la bandera. En las calles, como pasó en diciembre, el jolgorio es el mismo en todas las ciudades de Colombia.

La pandemia y su avance nos han dejado tres semanas de respiro y hemos atravesando una tranquila meseta, pero desde hace 10 días los gráficos muestran cómo los contagiados se disparan y los fallecidos hacen lo mismo. La semana santa, tal como sucedió en el 2020 y tal como lo hemos comprobado durante toda la vida, es aprovechada para encuentros familiares. Las vías se colapsan, los aeropuertos se vuelven verdaderos infiernos. Lo que no tiene explicación es que, a pesar de los mas de 60.000 fallecidos, todavía haya ilusos que pretendan viajar a reuniones familiares cayendo en la trampa de cumplir rigurosamente los protocolos.

La pandemia nos ha enseñado que el foco de contagios se da en las familias, que con sus encuentros generan las condiciones para que un solo familiar los contagie a todos llevando a la muerte, no solo uno, sino varios miembros y destruyendo la unidad familiar. Los caleños guardamos la esperanza de que las medidas que se tomen, sean hoy o mañana, tengan toda la dureza posible para que el ingreso al anunciado tercer pico no vaya a ser una hecatombe, dada la velocidad de transmisión, mucho más grave que las anteriores.

Quedarse en casa y no visitar a ningún familiar, respetar el toque de queda desde este viernes y declarar la alerta roja sería la posición que salvaría de la muerte a pesar de la precaria vacunación.

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