Estamos viendo la misma rebatiña que vemos cada cuatro años cuando se elige Congreso. Son los mismos de siempre, los que tienen la mermelada que Santos les regaló para gastar a manos llenas: comprando periodistas corruptos, pagando alquiler de inmensas vallas publicitarias, comprando, como siempre, líderes prepago, entre las que están ¡que dolor! aquellas que manejan grupos de la tercera edad, a las que les dan dos millones de pesos y un uniforme para que los “viejitos” realicen gimnasia y comprometan su voto. No hay derecho. Se aprovechan del analfabetismo de la gente en las lides electorales, de los que comen cuento fácilmente, de los que no miran más allá de la nariz. Por eso el país es el mismo de hace 30 o 20 años. La gente sigue dejándose engañar por quienes se han enriquecido con la política, por aquellos que del estrato seis saltaron al uno sin que nos diéramos cuenta, de esos que dejaron de litigar o de atender enfermos por que les iba mejor con la política, no para mejorar el país pero si sus bolsillos. Son conocidos de autos, esos que ahora volvieron con sus palmaditas en la espalda y con sus discursos almibarados, a sabiendas que después no se dejarán ver y solo van a luchar al Congreso por robar más para consignar esos miles y miles de pesos en paraísos fiscales.
Pero lo más doloroso es que quienes ocuparon el Solio de Bolívar continúen tratando de manejar el país como lo manejaron ellos. César Gaviria, que nos trajo una apertura económica agresiva, acabando con el campo colombiano y con mucha producción nacional, enviando a sus amigos adónde Petro y a otros donde Alejandro Gaviria. Juan Manuel Santos, apoyando a Petro y también a Alejandro Gaviria, su exministro de salud, aquel que prohibió que las EPS asumieran costos en el exterior de enfermos muy graves para tratamientos que en Colombia no se podían llevar a cabo. Ernesto Samper, trinando a diestra y siniestra, desde el Foro de Sao Paulo, para que Colombia continúe por la senda del narcotráfico, negocio del cual es hincha furibundo. Tan poco hay derecho que estos exmandatarios pretendan seguir enlodando nuestra dignidad.
Ojalá no se equivoquen los colombianos. Distintos al pacto patriótico, donde no se ve ningún cambio en su conformación, adónde están llegando algunos de otros partidos apenados consigo mismos, tratando de reencaucharse bajo la sombra de alguien a quién, según ellos, los seguirá cobijando bajo el manto de la corrupción. Dios nos libre. No vaya y sea que suceda como en Chile, donde mucha gente llora desconsolada y arrepentida por haber elegido a un señor—Bòric—que ya, a través de su asamblea constituyente, les dice a los chilenos que se acabó la propiedad privada y que todo pasa a manos del gobierno, además de las pensiones, las cuales desaparecerán.
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