Muchos jovencitos que hoy leen con gusto “Que viva la música”, desconocen que gracias a Andrés Caicedo, autor de la novela, conjuntamente con Carlos Mayolo y Luis Ospina, hoy nuestra ciudad es sede de los festivales internacionales de cine de Cali, que llegan a su décima versión.
Los jovencitos que fácilmente hoy pueden adquirir copias baratas de películas en DVD, buscarlas en Internet o afiliarse a los canales especializados, desconocen que en otrora ver cine era un pasatiempo costoso que sólo proyectaban en salas. Desconocen que cada película venía en rollos de extensas cintas de fotografías que proyectadas a velocidad daban vida a las imágenes.
Caicedo y sus amigos no fueron los creadores de los festivales, pero se anticiparon cuatro décadas asumiendo la misión de formar y convocar cinéfilos.
Hace medio siglo la ciudad contaba con más de 30 salas, pero el público era mero consumidor del cine comercial, gringo y mexicano, que traían los distribuidores.
Pero a inicios de los setenta los tres amigos fundaron el Cine Club sabatino en San Fernando y publicarían la revista Cine Ojo.
Los vientos del mayo francés del 68 nos seducía a los jóvenes caleños con sus nuevas ideologías libertarias.
Por eso la convocatoria cinéfila de Andrés y sus amigos, tuvo nuestra inmediata acogida y cada ocho días fuimos espectadores del mejor cine francés, italiano e independiente. Tras las proyecciones, guiados por ellos, aprendimos a criticar las cintas del mejor “cine arte”.
Pero los sembradores de la cinefilia, después consiguieron sus cámaras y filmaron las primeras películas. Caicedo, Mayolo y Ospina, trascendieron a cineastas.
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