Cultura de la violencia

José David Solís Noguera

En Cali ya no es extraño ser testigo de cómo los ciudadanos se toman la justicia con sus propias manos, argumentando sus equivocadas acciones con frases como: “mientras la Policía está pidiendo cédulas en las estaciones del MIO, en las calles nos están robando”.

Diariamente por las redes sociales circulan videos de personas que golpean a presuntos delincuentes, dejándonos ver a una sociedad deteriorada. Pero, más doloroso resulta leer comentarios agresivos y hasta placenteros donde se le desea la muerte a estas personas.

En un Estado de Derecho no se puede permitir que los ciudadanos linchen a alguien que presuntamente ha cometido un delito, cuando el uso de la coerción para ejercer justicia es función de las instituciones.

Comprendo la rabia que se siente cuando nos quitan las cosas que hemos conseguido con esfuerzo, pero debemos aprender a regularnos como sociedad para no hacer lo que tanto cuestionamos o rechazamos.

Entiendo que los altos niveles de inseguridad, el temor ciudadano y la baja sensación de indefensión sigan generando esos mecanismos de control, dejando en evidencia la poca credibilidad y confianza que se le tiene a la labor de la Policía, pero no es acertado hacer uso de la fuerza para corregir a un infractor, porque la violencia sólo produce violencia y no permite resolver nuestros conflictos.

Por eso resulta importante que la Policía Metropolitana de Cali, desde la dirección del brigadier general Nelson Ramírez, combine las acciones punitivas con programas donde se acerque a los uniformados a los barrios y se eduque a los ciudadanos para la paz, cambiando ese imaginario de la cultura de la violencia y el ajusticiamiento.

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