Umberto Valverde

Cuba y yo

Umberto Valverde

Cuando fui a México en 1969, una de mis motivaciones era aprovechar mi relación epistolar con Roberto Fernández Retamar para ir a Cuba. Publiqué varios textos en Casa de las Américas y fui finalista del concurso de cuento, cuando eran los más prestigiosos del continente. Esta idea no se hizo posible.

Regresé de México a Colombia con la idea de rescatar la memoria musical de Celia Cruz, a quien vi en el Teatro Blanquita en el DF. Pasaron varios años para que la novela estallara en mi cabeza.

La Fania vino de gira a Suramérica en 1980 y Larry Landa, empresario caleño, me conectó con la cantante cubana a quien llamé La Reina Rumba.

Antes había hablado con Guillermo Cabrera Infante, el mejor escritor cubano del boom, y mi libro fue un éxito, más de cinco ediciones y 500 mil ejemplares, es la obra que consolidó mi nombre y el que me dará trascendencia a través de los tiempos.

Con la investigación que había hecho de Celia Cruz y la música cubana, también hice la biografía de la Sonora Matancera, Memoria de la Sonora Matancera.

Mi padre fue fundador del partido comunista de Colombia y estuvo en Cuba en un congreso sobre 1961, le dio la mano a Fidel Castro. Me emocionó el triunfo de la Revolución y siempre me dejé seducir por la imagen de inteligencia de Fidel Castro y el Ché Guevara.

Durante los festivales de cine de Cartagena los contactos con la intelectualidad cubana fue muy cercana. Recuerdo un amanecer con Jesús Díaz, llorando, por todo lo sucedido.

Por otro lado, mi amistad con Cabrera Infante y Celia Cruz crecieron. Nunca tocamos el tema político, no desconocían mis inclinaciones, pero Cabrera Infante era absolutamente libertario. Lo conocí en Londres, fueron cinco días maravillosos, inolvidables.

Fui a Cuba, con Jaime Galarza y un grupo de la Universidad del Valle, durante el periodo especial. No se movía un solo carro por las avenidas por falta de gasolina. Años después, regresé, hace cinco años, y pude hacer un recorrido minucioso por el camino Hemingway, por todos los sectores de Celia Cruz, y la noche cubana, averiada, pero de impacto.

Todo esto lo digo porque no ignoramos lo que se vive en Cuba, a causa del bloqueo, pero también porque la incapacidad administrativa ha sido muy grande.

La situación no es buena, los cubanos viven de aguante, de imaginación, de rebusque, pero yo muero cuando una habanera hablaba conmigo. Las cosas se han puesto mal y no podemos ocultarlo.

Ahora sí saltaron todos los músicos y artistas, cada quien tiene su punto de vista, Blades, el Residente, los de Miami, en fin. Quiero a Cuba pero no la disculpo, los errores se pusieron en evidencia. Tampoco la juzgo, ellos saben la verdad de todo mejor que nosotros. Lo siento, nada más.

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