“Cuando veas las barbas de tu vecino cortar…

Rodrigo Fernández Chois

… pon las tuyas en remojo.” Frase que solía pronunciar mi padre cuando quería llamar la atención y prevenir sobre un indeseable suceso económico que ocurría cerca y que podría  replicarse en nuestra humanidad. La expresión también era usada por mi abuelo cubano español; pero su nacimiento se remonta al imperio romano cuando era común práctica varonil lucir el rostro afeitado: Barbam propinqui radere, heus, cum videris, prabe lavandos barbula prudens pilos.

Sea cual sea el origen, he recordado estas palabras al observar, leer  y escuchar sobre la dramática situación por la que están atravesando nuestros hermanos venezolanos. ¿Cómo diantres pudo una nación, cuyos indicadores económicos de los ochenta eran superiores a los nuestros, llegar a tan lamentable y desastrosa situación social y económica?

Confieso que de chico les guardaba envidia. Veía un país muy parecido al nuestro pero sobradamente superior en materia económica. Recuerdo que mientras nuestro PIB per cápita era US $2,600, el de ellos era de casi US$4000. Y mientras nosotros padecíamos una inflación del 30%, la de ellos era de un dígito. Pero los años pasaron y hoy los venezolanos desafortunadamente viven una situación similar a como si hubiesen sido bombardeados miles de veces.

Los fríos analistas, después de transcurridos largos periodos de tiempo, hacen correlaciones entre variables para poder concluir de manera precisa qué causó qué. Sin embargo, la mayoría de la población que se encuentra por encima de los cuarenta no necesita ecuaciones y regresiones econométricas para saber la causa del vecino desastre: El Socialismo del Siglo XXI.  La pregunta de fondo hoy sería: ¿Nos dejaremos cortar también nuestras barbas?

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