Crónica de un conflicto aplazado

Al repasar la historia de  los ceses de actividades de los maestros en Colombia, los encontramos prolongados: por 60 días en 1971 hasta derrotar el estatuto docente de Luis Carlos Galán,  por 45 días en  1976 contra el estatuto de Hernando Durán Dussán y durante un mes en  1986 por el mejoramiento salarial.

Pero el paro reciente, levantado mediante acuerdo hace una semana, que hacían los maestros contra una norma de evaluación sanción, más su exigencia de un mejor servicio de salud y la nivelación salarial, duró un mínimo tiempo récord de 48 horas.

Con el acuerdo, ¿se finiquitan los problemas o, al contrario, simplemente empieza la crónica de un conflicto aplazado?  Lo cierto es que Fecode y Gobierno acordaron nombrar una comisión bipartita para que proponga un proyecto que cambie esa evaluación  nefasta  en  el ascenso de los maestros y su permanencia en el servicio.

En un plazo de dos meses, el Gobierno presentará ese proyecto al Congreso de la República para que los legisladores lo conviertan en Ley. Es decir, que más que requerir del trabajo juicioso de los seis comisionados a nombre del magisterio y el Gobierno, la solución del conflicto dependerá de una nueva norma legislativa que determinará cómo evaluar a los maestros.

Como el Congreso cuenta con legisladores que no son educadores, será pertinente un debate público sobre el asunto que urge de solución, para que no siga afectando a la educación y no agudice el conflicto laboral.

La salida del conflicto no puede confiarse a un mero pupitrazo, necesita que se escuche a los directos afectados y se confronte con la calidad de la educación, los planes de desarrollo social del Gobierno y los derechos profesionales adquiridos.

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