Creciente violencia juvenil

Son preocupantes las cifras de menores capturados o investigados por crímenes que van desde el hurto simple, pasando por el tráfico de drogas hasta el homicidio. Los menores, a pesar de que sí pueden ser judicializados, siguen siendo utilizados por los adultos, en muchos casos sus propios padres u otros familiares, para cometer delitos.

Casos muy graves han revelado esta problemática, como por ejemplo el menor capturado y sindicado de haber sido el autor material del atentado terrorista al ex ministro Fernando Londoño, por haber puesto la bomba lapa en su vehículo. En su caso, puede tener una pena máxima de hasta 8 años sin rebajas, según la nueva ley de Seguridad Ciudadana, sin embargo, no irá a la cárcel sino a un centro de Reeducación por tratarse de un menor de edad.

Esto es precisamente lo que aprovechan las organizaciones criminales, además de las múltiples necesidades y desventajas con que viven los jóvenes en alto riesgo por su situación de pobreza y de falta de acceso a la educación, para utilizarlos como autores directos de los actos criminales que llevan a cabo, seguramente con la promesa adicional de que estos jóvenes pueden fugarse más fácil de un Centro Juvenil que de una cárcel o que su pena va a ser mínima por ser menores de edad.

Lo cierto es que cada año son capturados aproximadamente 600 jóvenes por distintos actos criminales, sin que hasta ahora el sistema de atención a la infancia y a la adolescencia, creado por el Código expedido para dicho fin, haya frenado esta problemática ni mucho menos plantee soluciones que eviten que nuestros jóvenes sigan siendo objeto del crimen organizado y de la falta de oportunidades. Urgente es el llamado a las entidades creadas para la vigilancia y protección de los menores, que ante el desamparo de sus familias se convierten en victimarios, siendo, al mismo tiempo, víctimas del crimen.

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