El mundial de atletismo celebrado en Cali fue exitoso en relación con el albergue a las delegaciones, la excelente presentación de las pistas, la exactitud en la programación, la actuación de los jueces, los registros en los tableros y el mejoramiento de nuestros deportistas.
Pero en eventos futuros no pueden repetirse las fallas de logística y comunicación que incidieron para mostrar un estadio Pascual Guerrero con tribunas casi vacías a pesar que participaron 154 países y un total de 1248 deportistas.
De no ser por la diligencia de los profesores de educación física de algunas instituciones educativas, que apadrinando a determinados países gestionaron boletas de entrada para sus estudiantes, hubiéramos llegado al insólito de unas competencias a puerta cerrada. Aunque, gracias a Dios no ocurrió, debo pronunciarme sobre las afugias sufridas por los muchachos de las instituciones educativas que apoyaron el evento.
Le pasó al Colegio de Santa Librada y las escuelas de los corregimientos La Leonera, Los Andes y Pichindé, un día después de la inauguración, cuando la Alcaldía preocupada por la ausencia de público invitó de puertas abiertas y con entrada libre a los caleños. Presencié cómo los porteros de la tribuna norte, de manera poco amable, le pusieron problema a los estudiantes por no llevar las boletas.
No importó la orden del Alcalde, las tribunas vacías y los niños que muy juiciosos con sus uniformes en filas esperaban los dejasen entrar. Es insólito que ocurra esto en tiempos del smartphone y el whatsapp. Afortunadamente la pericia de los camarógrafos y de los fotógrafos se solidarizó con la buena fama de la ciudad deportiva de América, al disimular las tribunas vacías.
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