Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Contra la adicción whatsAppera

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Respeto la convicción de los ciudadanos. Por eso no escribo sobre ninguna de las opciones en el plebiscito.

Pero quiero contarles mi intranquilidad de estos días, padecida por muchos. Estas semanas llegué a temer que colapsaría la red, pero me contagié de la adicción al IPhone y confieso que estuve menos productivo.

Nunca antes escuché tantas veces los aburridores soniditos anunciando mensajes por WhatsApp. Estuve de cuerpo entero en familia, pero espiritualmente ausente, dedicado al morboso pasatiempo de mirar la pantalla. La abundancia de remitentes me hizo creer en la posibilidad pregonada por Roberto Carlos cuando canta que él sólo quiere tener un millón de amigos.

Casi queda inservible mi IPhone porque lo tuve que recargar hasta cuatro veces diarias. Recibí mensajes cortos, largos, agresivos, persuasivos, unos por el sí, otros por el no. Algunos me advertían que si no los reenviaba en cadena de oración cien veces, me caería la mala suerte, igual que a mi familia. Claro que entre tantos fastidiosos francotiradores, en la red también hubo espacio para los ingeniosos con sus jocosos videos, como el que muestra a una costeña respondiendo que no sólo prestaría a sus hijos para la guerra, sino que los regalaría e inesperadamente
un bebe nos contagia con su estruendosa carcajada.

Un amigo que conocía como serio me envió una noticia de un supuesto atentado con bomba contra el Metro de Medellín y al abrir el enlace me sorprendió, digo me vaciló, con la imagen de un globo de goma entre los rieles.

Que nos llegue la paz y acabe esta adicción whatsaAppera.

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