La Democracia en Egipto es un espejismo y un agente exógeno, en una sociedad que espera el verdadero cambio. El ritmo que Morsi le colocó al Gobierno fue insatisfactorio. Ahora con la caída de presidente musulmán el experimento anhelado y puesto en marcha después de la primavera árabe del 2011, se enreda. Ahora no tienen un gobierno de transición, no saben cuándo serán las nuevas elecciones, las expectativas ciudadanas quedaron en hibernación y los militares reinstalados.
La presión popular desde la plaza Tahrir hizo defenestrar al Presidente. Miles de los 13 millones de votantes de Morsi lo acompañan en contramanifestaciones y otros están empezando a salir a protestar por el golpe de Estado disfrazado de solución a la crisis. ¿La voluntad popular en las urnas es igual a la voluntad popular en las calles con las protestas masivas? Son distintas, pero ambas producen cambios en el poder. En Egipto, son dos voluntades expresadas en diferentes momentos pero se ven manipuladas por una élite que posee las armas y que so pretexto de normalización de la situación, desvían la intención de la masa electoral, y de la masa rebelde, en uno y otro caso.
El experimento falló porque Morsi posando de garantista no lo fue, y posaba de neutro pero se inclinó por el islamismo: La democracia obstaculizada por la incubación de la teocracia. Ahora retrocedieron, con los militares, ni democracia, ni teocracia.
La protesta masiva, la oleada popular muestra su efectividad para desestabilizar a quien gobierna porque creó un malestar general al no cumplir con la satisfacción de las necesidades más sentidas. Pero la conducción de la protesta y sus objetivos se pierde a veces por un ilusionismo en la definición de la situación. Los militares con el golpe de Estado se apropiaron de los espacios de poder. Estas protestas masivas movidas por las redes sociales como medio de conexión tienen una falencia. Al no tener líderes de masas y todos ser o creerse determinantes, no hay quién conduzca las negociaciones, entonces pueden ser manipulados por factores de poder o élites que hábilmente desvían el objetivo central para acomodarse o reinstalarse dentro del aparato del Estado.
(*) Profesor de Derecho Internacional, Universidad Libre.
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