El expresidente Gaviria con la propuesta de justicia transicional para todos aparentemente facilita la confección de este tipo de justicia, pero en el fondo ha enredado el asunto porque no se pueden medir con el mismo rasero.
Quienes cometen delitos comunes y no son insurgentes nunca deberían beneficiarse con la conexidad del delito político porque la organización criminal a la que pertenecen no tiene ninguna raíz justificatoria para haber delinquido dentro del Estado.
El paramilitarismo y las acciones mafiosas cometen toda clase de delitos pero la raíz de su accionar y su causa no es política, por lo tanto los delitos que cometen en todas las gamas no son conexos ni podrán serlo.
Quienes incurren en el narcotráfico cometen delitos comunes y suman otros. Nunca esos delitos serán conexos al delito político. Con los narcotraficantes se pueden dar negociaciones judiciales y rebaja de penas si delatan y aprovechan el principio de oportunidad.Con los guerrilleros y los terroristas políticos se dan negociaciones políticas y el tratamiento de los delitos políticos es diferente solo cuando se va a terminar un conflicto.
Dentro de los delitos conexos llegará un momento donde el terrorismo será tratado en las discusiones para confeccionar la justicia transicional y tendrá cabida en algunos casos para efectos de la participación en política, mientras no haya sido para cometer delitos de genocidio y de lesa humanidad. El narcotráfico y el terrorismo han estado ligados los últimos 20 años en el decurso del conflicto interno colombiano. La alta cirugía jurídica que veremos pronto en el Congreso para tratar estos dos delitos a fin de encontrarles la conexidad con la rebelión será objeto de debates y críticas porque han facilitado la continuidad de la guerra.
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