Con cuál nos quedamos

La percepción en Colombia sobre los partidos políticos, es desastrosa. Y la culpa la tienen los políticos, con las contadas excepciones de siempre. Lo malo es que en Colombia no nos damos cuenta que votando menos le estamos dando la oportunidad a los mismos de siempre, de salir elegidos y reelegidos.

Tampoco es aceptable ese cuento “moderno”, que la izquierda es la salvación porque la derecha es corrupta. Vaya mentira, caramba. Afortunadamente, la izquierda, hoy, en Colombia, tiene poder en distintas regiones y los resultados son funestos.

No solo por incapacidad administrativa sino también, triste decirlo, por la ambición de enriquecerse rápido. Los ejemplos los conoce el país.

Generalmente, por razones electoreras, el izquierdista busca ser el intermediario entre el hambriento y la comida pero, su tragedia es que, no sabiendo cómo conseguir la comida, hace propuestas alimentarias que siempre van en contra de quien produce la comida.

El derechista, es lo contrario, pero también en perjuicio de los ciudadanos, porque le da una importancia impresionante al mercado global pero no reconoce sus límites, permitiendo, además, leyes monopólicas sólidas que casi siempre van en perjuicio de la economía doméstica de las personas.

Como dijo Andrew Carnegie: “mientras el capitalismo busca convertir los lujos en necesidades, el comunismo (como el de Cuba y Corea del Norte) convierte las necesidades en lujos.”

Por tanto, los países son ricos o pobres a medida que incentiven o no la creación de capital, sin generar o ampliar brechas sociales como las que padecemos en Colombia. Quienes logren manejar esa política, incentivando la formación de capital tanto físico como humano, con equilibrio y justeza, son los que necesitamos.

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