Lo sucedido la semana pasada en el estadio tras el partido entre el Cali y el America es una vergüenza pero no para las autoridades sino para nuestra sociedad.
La administracion municipal y la Policía hicieron ingentes esfuerzos para evitar la situación.
Se reunieron con las barras, dispusieron un operativo con 1.200 policías, 250 motos y hasta un helicóptero. Incluso tomaron medidas extremas como declarar la ley seca, algo inocuo considerando que los problemas en el estadio los genera la droga y no el alcohol. Sin embargo, todo se salió de control. Lo cierto es que no hay medidas que valgan para evitar los desmanes de una sociedad decadente, sin principios ni límites.
En eso es en lo que nos hemos convertido y los alcances de la falta de control social excedieron hace rato los límites de contención de las autoridades. ¿Para dónde vamos? ¿Qué debemos hacer para volver a la senda de las buenas costumbres y maneras? ¿Hasta cuándo hemos de pensar que la solución a este tipo de problemas está en la represión sin que emprendamos acciones que hagan de nosotros verdaderamente un país de gente civilizada? Es fácil señalar responsables y exigir medidas de corto plazo, como la sanción de los equipos.
Sin embargo, lo que deberiamos exigir es la profundizacion de los procesos que buscan cambios en la conducta. Cali debe perseverar en el trabajo social que se viene adelantando con las barras, con los jovenes y las pandillas e involucrar a un mayor número de actores sociales. “Educa al niño y no deberás castigar al hombre” ¿Cuándo se nos olvidó este principio tan sencillo y tan básico?
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