Ayer presencié una penosa situación cuando mi amiga Ana Maria se salió del grupo de whatsapp de sus amigos más cercanos por “diferencias políticas”, así mismo, me tocó una discusión familiar cuando dos primos terminaron abruptamente un almuerzo familiar en medio de una acalorada pelea, gracias a Dios, verbal, por posiciones frente al paro.
Aterrado por esta situación, quise investigar un poco, pues no puede ser normal que luego de más de 40 días en paro, los bloqueos persistan, siga la gente en la calle, la protesta social, familias distanciadas, amistades terminadas y no se vislumbre una pronta solución.
¿A quién le puede convenir todo esto? Pensé.
“La cueva de los ladrones” es un experimento muy sencillo realizado en 1954 en el que juntaron dos grupos de jóvenes con características comunes en un campo para su convivencia durante un tiempo. Ninguno de ellos se conocía previamente y los dos grupos estaban separados.

Al poco tiempo, con algunas competencias de por medio, empezaron los problemas de rivalidad entre los jóvenes, peleas y discusiones entre los dos grupos. La solución: el director del experimento creo problemas más grandes.
UN ENEMIGO COMÚN. Esto obligó a los jóvenes a unirse y lo que antes era solo conflicto, se convirtió en una cercana amistad.

¿Pero esto qué diantres tiene que ver con Colombia?
La política es una ciencia que lleva años siendo estudiada y son miles los libros que se han escrito al respecto, también muchas las estrategias y casos de éxito que se pueden citar, pero sin duda alguna, una estrategia que nunca ha fallado es la de unir al pueblo mediante el “principio de simplificación y del enemigo único” que utilizó con maestría Joseph Goebbels en el imperio Nazi.
Antes de que crean que este escrito es comunista o antifascista o peor aún, que crean que es antiuribista, por favor, siga leyendo. Aquí es donde empieza lo bueno.
Durante años, los políticos en Colombia (y en el mundo) han estudiado e ideado estrategias para ganar poder en la democracia.
Pero el caso en Colombia es especial: históricamente, el país siempre ha estado dividido entre izquierda y derecha, pero, para resumir, la guerrilla de las FARC se encargó, en una época, de que odiáramos la insurgencia y cualquier vestigio de “extrema izquierda”. Sobran las razones.
Y fue ahí que llegó el gran salvador. Uniendo a toda Colombia en contra de UN ENEMIGO COMÚN. Alvaro Uribe Velez, el gran colombiano.
Y no soy sarcástico al respecto. Todos queríamos lo que él proponía y fue por eso que ganó. Y lo hizo tan bien, que fue reelegido sin segunda vuelta.
Ahora si llegamos al grano. El cuento es, que les quedó gustando. Ahora, los políticos quieren UN ENEMIGO COMÚN para “unir” al pueblo y ganar las elecciones. “La cueva de los ladrones”.
Así pues, la derecha nos hace temerle a la “izquierda” en cualquiera de sus formas.
Y la izquierda hace lo propio generando odio contra Uribe y grupos de “extrema derecha”.

Entonces, mi amiga Ana Maria quien antes estaba indecisa si votar o no por el candidato del uribismo, ahora, al ver “el vandalismo que ha hecho la izquierda en el paro” se ha vuelto la más férrea defensora de Duque y sus políticas. Y hasta retwittea a la Cabal.
Así mismo, mi tío Agustín, quien nunca ha gustado de Uribe pero que tampoco le convencía Petro, ahora está completamente convencido de apoyar la lucha contra el “gobierno opresor que nos está matando”.
Hasta donó en la Vaki de Gustavo Bolívar para defender a los muchachos de primera línea.
¿Se entiende el punto? Nos polarizan a su conveniencia. Y el pueblo matándose en la calle llenos del odio que alimentan los políticos de cada extremo jugando su propia versión de “la cueva de los ladrones”.
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