Hugo E. Gamboa Cabrera

Colombia profunda

Hugo E. Gamboa Cabrera

A raíz del terrible accidente del avión Hércules de las FF. AA. de Colombia que causó la muerte de varios compatriotas comprometidos con la defensa de la patria, pudimos darnos cuenta qué el tal cambio prometido por el actual gobierno no pasó de ser otra de esas promesas incumplidas que acostumbran quienes utilizan la ideología comunista para convencer incautos y ser elegidos para gobernar con resentimiento y odio.

Gracias a ese accidente pudimos enterarnos que no existen controles de ninguna índole en los aeropuertos de municipios como Puerto Leguízamo, además de contar con pistas inadecuadas técnicamente. Todos los aeropuertos del país están en el olvido.

Es cierto que todos los gobiernos han sido irresponsables con esa Colombia olvidada, aislada y rezagada en todos los aspectos. Por esos lares viven porqué mi Dios es inmenso.

Lo que aterra es que llegue un gobierno supuestamente de izquierda, por el que votaron voluminosamente en esa parte del país, esperanzados, llenos de fe, y actúa de la misma manera que los anteriores.

Y lo peor es que tampoco hay presupuesto para ellos, para su infraestructura, para sus servicios de salud y para sus entornos familiares. Los dineros se esfumaron como en el resto de la nación.

Aquí sí podemos decir que el populismo para engañar a sus habitantes ha funcionado “a las mil maravillas” pero, como ha sucedido, estos pueblos creyentes de discursos electoreros mentirosos, siguen en la inopia, en la pobreza, con un descreimiento total hacia quienes los gobiernan.

Y lo berraco es que viven con un fusil en la nuca para que actúen y piensen cómo se les ordena.

Es doloroso reconocer esto. El país se enteró, gracias al accidente mencionado, triste que así sea, que no todo es color de rosa en un país aparentemente hermoso, con dos costas, con recursos inmensos, con belleza natural.

Lamentable que la felicidad no sea completa por causa de políticos mentirosos, que solo aspiran a llegar al poder a llenarse de dinero, a robarse la felicidad y la tranquilidad de la población que solo aspira a tener bienestar a través del empleo unos y de sus cosechas sanas otros.

Dios nos libre de pensar como los cubanos y venezolanos, por mencionar algo, que solo ruegan para que venga un poderoso del exterior que brinde una mano piadosa para que haga lo que acá no se hace.

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