Impresionante me resultó el documental Colombia, magia salvaje. Durante sus 90 minutos hace un recorrido fabuloso por diferentes rincones de nuestra geografía. Desde la Sierra Nevada de Santa Marta hasta la selva amazónica pasando por los Llanos Orientales y nuestros océanos.
Cada toma nos invita a valorar su biodiversidad, algo de lo que nos olvidamos quienes habitamos en las ciudades. Sin duda, los colombianos necesitamos razones para sentir orgullo patrio. Una sociedad debe tener factores de cohesión fuertes, elementos que fortalezcan el sentido de pertenencia y que sean cimientos sobre los cuales se asienten los valores que rigen nuestra vida en común.
El orgullo nacional debe trascender las emociones que brindan la selección de fútbol, la Miss Universo, una medalla para uno de nuestros deportistas o un reconocimiento internacional para alguno de nuestros artistas.
Ese puede ser uno de los grandes aportes de Colombia, magia salvaje, documental que por fortuna viene llenando de manera asombrosa las salas de cine en todo el país. Ver en primer plano animales y plantas que solo habitan en Colombia nos llena de entusiasmo.
Sin embargo, el documental va más allá al evidenciar las amenazas que representan para nuestra biodiversidad el desarrollo voraz de algunas industrias, la expansión de actividades como la minería ilegal y el narcotráfico, pero sobre todo la falta de conciencia de los millones de colombianos que vivimos en las ciudades.
El uso irracional del agua, el consumo irresponsable y el manejo inadecuado de las basuras son aspectos que están deteriorando rápidamente nuestros recursos naturales y que ponen en peligro la calidad de vida de las futuras generaciones. Una invitación a sentirnos orgullosos de nuestra diversidad y a comprometernos con su protección son dos mensajes que nos deja Colombia, magia salvaje.
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