La crisis institucional y política que está padeciendo Colombia, ha permitido que los colombianos, salvo aquellos que tienen el poder ejecutivo, legislativo y judicial, estén concientizándose sobre la forma como se ha gobernado o manipulado nuestro país, hasta el punto que hoy seguimos como ayer y, tal vez peor, con un índice de pobreza más alto y con una clase privilegiada minoritaria, absorbente (los mismos de siempre o herederos suyos), que se quedan con todo lo bueno que brinda nuestra Nación, sin brindar una distribución equitativa de lo que aquí se produce. Eso está haciendo daño, porque se le está entregando en bandeja la oportunidad a que en poco tiempo lleguen al poder otros personajes, estilo revolución bolivariana siglo XXI, a establecer estilos de gobierno que tampoco son la panacea.
Elementos como la Ley 100 del 93, la de la salud, es una pena. La inequidad en la educación es alarmante; solo se preparan los hijos de quienes tienen recursos suficientes para pagar colegios o universidades privados. No hay empleo digno (solo para muy pocos). La desindustrialización del país se debe a los parafiscales, y al gobierno no le importa, lo cual me parece grave, porque ahora que estamos firmando TLC por todas partes, necesitamos que estas cargas se eliminen para que nuestra economía pueda jugar en esos escenarios mundiales. Se necesitan formalizar el empleo y reducir el desempleo.
Por eso ahora, que se habla de una política de centro, no tiene nada de extraño que los colombianos se fijen en un hombre como Sergio Fajardo, quien tiene una visión totalmente distinta.
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