Un analista chileno—Jaime Durán Barba—a raíz de lo sucedido en su país, escribió que “desde hace mucho tiempo la democracia representativa colapsa, particularmente en nuestra región” (América Latina). Agrega que “la mayoría de los latinos vivimos en el siglo XXI pero que tenemos problemas que no tienen que ver con las peleas de dirigentes autistas sino con problemas concretos como la angustia que causa la pandemia y por la incertidumbre insoportable acerca de su futuro.”
Dice que “la mayoría de los políticos hablan de teorías inútiles o simplemente tratan de demostrar que son más “vivos” que sus adversarios. Se insultan, se ningunean, se enjuician, corren mareados en una puerta giratoria, en la que son alternativamente perseguidores o perseguidos.” En su análisis interesante, el señor Durán Barba, entre otras cosas, expresa que “los ciudadanos no tienen confianza en sus parlamentarios, ni en sus gobiernos, ni en sus presidentes ni, sobre todo, en sus partidos políticos. Rechazan unánimemente a todos los partidos, que no son considerados legítimos ni viables. Más concretamente piensan que la clase política se ha encerrado en sí misma, solo hablan entre ellos y no se preocupan de los intereses de los ciudadanos más que para vender una opción en un mercado electoral cada cuatro años.
Plenamente de acuerdo. No está diciendo mentiras ni inventando. Eso que plantea es real. El nuevo gobierno chileno por ejemplo, de izquierda radical, es una incertidumbre. Toca esperar varios meses para evaluarlo; sin embargo, me trae el amargo recuerdo de Hugo Chávez, recién elegido, cuando le decía al periodista mexicano, de Univisión, Jorge Ramos, que respetaría su período presidencial de cinco años y que permitiría el ingreso de inversión privada, amén de que no utilizaría la expropiación tal como hizo Fidel Castro cuando se tomó el poder en Cuba. Pues ya sabemos lo que sucedió, tristemente. Ese es un temor en Colombia, donde un candidato dice exactamente lo mismo, dejando al país en un susto del carajo, pues ya sabemos lo que significa vivir en una nación que de hermosa y rica, mal gobernada en muchos casos, puede quedar clasificada, como dijo el nuevo presidente chileno, “en un eje, junto a Brasil si llega Lula nuevamente, a Nicaragua, que permita imponer un nuevo rumbo ideológico para establecer un sistema diferente”. Ya uno se lo imagina lo que eso significa. ¿Mao, Stalin, Ceacescu? Cada uno impuso su sindéresis pero, con hambre, sin empleo y sin libertades.
Comments
Fin de los artículos
No hay más artículos para cargar






