Cobo y el tren ligero

He seguido con detalle el debate sobre la movilidad y el MIO. He observado como todos los componentes de la discusión conducen a la administración de Ricardo Cobo, cuando fue alcalde.

He leído las declaraciones del exalcalde, para concluir que ha llegado la hora de despojar su gestión de la miserable caricatura que de ella hicieron determinados sectores de opinión, que nunca le perdonaron haber salido electo en una disputa con uno de los herederos del poder político tradicional.

Ricardo ha sido víctima del maniqueísmo y la injusticia, al igual que otros que han sufrido el manto del silencio sobre sus logros al frente de los destinos de la ciudad.

La alcaldía de Cobo construyó las bases para que Cali contara con un tren ligero que la colocara al nivel de las pujantes ciudades contemporáneas. Dejó el diseño y los estudios de viabilidad, la ruta y las pautas de gestión para su construcción, con el apalancamiento de una partida cercana a los 500 millones de dólares.

En la siguiente administración se abandonó la iniciativa y el alcalde Jhon Maro Rodríguez devolvió casi la mitad de la partida presupuestal, alineándose en el proyecto del bus articulado, propuesto por el presidente Pastrana, quien se enemistó con Cobo por discrepar con el aparatoso proyecto que hoy tiene condenada la ciudad a un caos.

Cobo merece el reconocimiento por su valerosa postura, y ya es hora de profundizar en otros logros, que como la seguridad y el espacio público, son hoy el galimatías que ni la administración Guerrero ni el Gobierno Nacional han podido descifrar, porque para ellos no hay pasado ni futuro, ya que las aristocracias provinciales y nacionales manejan la cosa pública como si estuvieran ungidos por el derecho divino, cuya única responsabilidad es con sus feudos y heredades.

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