Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Ciudad de los poetas postrados

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

El  martes pasado  se cumplieron 18 años desde que en 1999 la Unesco  proclamó el 21 de marzo como el  Día Universal de la Poesía, con el objetivo de que los países promuevan la palabra  como factor  fundamental de convivencia. Exceptuando las lecturas de poemas  que el fin de  semana  programaron algunas bibliotecas, donde  concurrieron  niños con suerte de  tener  padres sensibles por lo sublime, percibimos una  ciudad gris y  la  tristeza  de sus peatones. Ese espacio denominado como el

“Parque de los Poetas”, lugar  indicado para la tertulia con metáforas, lo vimos  invadido por el ruido, la suciedad y la vagancia. Qué paradójico que esto ocurra en la ciudad donde nació  Jorge Isaacs. Que esto pase en la región vallecaucana cuna de los poetas Isaías Gamboa, Carlos Villafañe,  Ricardo Nieto y  Antonio Llanos.

Ni la ambición en los  tiempos  bíblicos con la torre de Babel, ni la peste macondiana del insomnio y el olvido, provocaron tanta fatalidad como la que hoy vivimos en las ciudades de la postmodernidad  debido a la inapetencia social por la lírica. Nuestra deshumanización no se gestó con la confusión de las lenguas, ni con el agotamiento de la memoria, sino cuando comienzan a extinguirse la inspiración de la musa y el encantamiento del hombre.  Se da la insensibilidad hacia lo bello  desde que los espíritus colectivos ya no se nutren con versos y metáforas. 

La industria -dijo José Martí-  nos proporciona el modo de subsistir, pero la poesía nos estimula el deseo y la fuerza para vivir. No seamos más la  ciudad de los poetas postrados.

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