Cinco centavitos de felicidad

El Banco de la República anteriormente rediseñaba los billetes y les cambiaba el tamaño y el material a las monedas, desde las morrocotas de oro hasta llegar a las pequeñitas y livianas, conservando siempre los valores entre las nuevas y las viejas que saldrían de circulación.

Esos cambios no eran muy costosos, siendo aceptados y asimilados fácilmente porque se efectuaban acorde al crecimiento de la inflación.

Pero ahora produce extrañeza la anunciada medida extrema de la eliminación de tres ceros a los billetes, como pretendiendo detener el tiempo, mejor dicho devolverlo para ser más exactos, sin medir los costos multimillonarios de la nueva emisión y los traumatismos por la brusquedad con que se afectarán las costumbres colectivas mercantiles practicadas sin sobresaltos desde hace más de un siglo.

Es traumática toda medida que desconozca que las costumbres mercantiles tienen fuerza de ley en nuestra actividad comercial.

Imaginemos los conflictos que puedan darse en los negocios de bienes inmuebles y de vehículos, por ejemplo, cuando ofrezcan cincuenta mil pesos por la propiedad de una casa o treinta mil por un carro de modelo reciente.

Me pregunto: ¿cuáles angustias abrumarán a los trabajadores que devengaron hace tres décadas ochocientos pesos como primer  salario y ad portas de su jubilación ahora les liquiden pensiones de seiscientos pesos? ¿Cómo serán las pataletas de los niños al recibir cinco centavitos para el refrigerio? ¿Será que nos toque con Héctor Ulloa volver a implorar los \”cinco centavitos de felicidad?\”.

Pero lo  cierto es que dejarán de ser  obsoletos los problemas de la Aritmética Baldor, que llevaban más de cincuenta años ofreciendo gallinas a dos centavos y vacas a veinte pesos.

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