Henrique Capriles es la redención. Venezuela, enfrascada en la dictadura de Maduro necesita quien la guíe con entereza, para sacarla de ese marasmo.
Capriles se despidió esta semana de su pueblo, de su gente, de sus subalternos de la gobernación del Estado de Miranda en Venezuela y como todo hombre íntegro, enunció frases que estremecen: “no es un adiós sino hasta luego”, pasaré a ocupar el cargo de luchador por Venezuela”; “A quienes me preguntan ¿ahora qué?, ¿a dónde vas?, ustedes saben a dónde vamos”. Eso es un de un luchador, de quien sabe pedir la libertad en el marco del ejercicio de la política y del respeto al ordenamiento jurídico.
Ya hemos visto, hasta la saciedad, cómo Nicolás Maduro ha burlado de una y mil formas la propia constitución Bolivariana de Venezuela, sin sonrojarse siquiera con lo que dice para vulnerarla. Sus áulicos le aplauden en su programa televisivo y las organizaciones internacionales callan, impávidas, ante tanto avasallamiento.
Tal vez Trump es el único que ha adoptado medidas férreas y consecuentes con su pensamiento, para aplacar a ese troglodita del siglo XXI. Y, ahí si gime, vocifera, y lanza fuego en su elemental discurso, adolorido…
Sale Capriles de la gobernación del estado de Miranda con una inhabilidad impuesta por unos jueces cómplices del régimen, que de derecho poco o nada saben. Tanto, que algunos de los honestos magistrados han pedido exilio en nuestro país, para evitar el atropello contra sus vidas y la de su familia.
Ampliamente fue conocido el caso de la fiscal venezolana Luisa Ortega y su esposo, quienes debieron salir de su propio país acompañados de algunos de sus empleados de mayor confianza, perseguidos por la dictadura de Maduro quien teme que se devele sus negocios con Odebrecht.
Debemos cuidar a Colombia de dirigentes del talante de Maduro, para no perder hombres de la estatura política de Capriles.
Capriles es, insisto, la redención. ¡Volverá!
Duele saber, que en Cali la galería de arte contemporáneo de Jenny Vilá pase por un momento difícil, que no le permite acudir este año a ArtBo. La revista Arcadia hizo una especial nota, que exige solidaridad de los caleños. ¡Hagamos algo!
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