Caos vial

Transitar por las vías de Cali es cada día más difícil. La falta de vías, el mal estado de las existentes y los desvíos por las obras son factores que dificultan la movilidad de la ciudad.

Desafortunadamente, si hoy, como por arte de magia, superáramos los problemas de infraestructura, la situación no cambiaría porque la razón principal del caos es la falta de educación vial. Es un disco rayado hablar del desorden que generan quienes parquean mal, hacen cruces indebidos, los buses en doble fila o los terminalitos. A esto hay que sumarle los malos comportamientos en los que incurren conductores, peatones, motociclistas y ciclistas.

El viernes en la noche me desplacé desde la CVC hasta el DAS, a las 9:00 de la noche. El recorrido me tomó 25 minutos, no había trancones y las calles estaban en buen estado. Sin embargo, durante el recorrido un peatón, un ciclista y un motociclista se me atravesaron poniendo en riesgo sus vidas. Lo triste es que lo hicieron en lugares donde había puente peatonal, señal de pare y semáforo, respectivamente, que hacían innecesario asumir tal riesgo. Lo complejo del asunto es que la ciudad no tiene un plan de movilidad integral que involucre el componente educación como un factor clave de éxito del desarrollo vial.

Tenemos una visión muy miope de la gestión de la movilidad limitándola al aumento de comparendos y de los ingresos generados por las fotomultas. Bajo ese parámetro, siempre será un mejor negocio para la ciudad que los caleños se porten mal. El efecto colateral, el temor a la multa cambiará algunos comportamientos pero no construirá cultura. ¿Cuánto de los $6.000 millones recaudados por este concepto va a invertir la ciudad en educación vial? Esa sería una muy buena inversión.

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