Visitar la Hacienda Cañasgordas es rememorar momentos históricos que nutren la caleñidad. Caminar por sus pasillos hace vibrar, en el imaginario, la música de la época como “La Trinitaria” o “La Vencedora”, cuyas partituras Bolívar – el caraqueño altivo- conservaba en sus personales carpetas para que en cada fiesta, a la que acudía, la interpretase la pequeña murga que estuviera, y así demostrar sus dotes de gran bailarín.
La hacienda se ubica en un lugar que hoy ya es parte de la urbe, pero al ingresar a ella el espacio se transforma, y hace que -aún con el bullicio de la ciudad-, se respire otro aire. Existe un encuentro con el pasado, que supera todo acalorado propósito de futuro.
Y es así como se ha venido forjando día a día su restauración, con el silencioso empeño de la siempre competente y diligente María Helena Quiñonez Salcedo, quien funge como directora ejecutiva de la fundación “Eusebio Borrero Velasco”, acompañada -por supuesto- de la junta directiva que preside el ex – alcalde Rodrigo Guerrero Velasco.
La gestión de recursos no ha sido expedita. Hay una sentencia del Consejo de Estado que obliga a la Gobernación del Valle del Cauca, a la Alcaldía de Cali y al Ministerio de Cultura a realizar aportes económicos para su restauración, al haberse declarado como patrimonio cultural y arquitectónico la hacienda. No siempre ha sido fácil, insisto, y de ello da Fe María Helena Quiñonez cuando fue secretaria de cultura y turismo de la ciudad.
Sin embargo hoy, gracias a una tesonera labor y del trabajo con las directivas, se ha gestionado 4.200 millones de pesos para la etapa final de la restauración, la cual según los planes de trabajo, concluyen en agosto de este año.
Tendrá Cali entonces un lugar de encuentro para diferente tipo de actividades, como culturales, turísticas, sociales, incluso simplemente de contemplación.
La ciudad debe agradecer la gestión de estos líderes pujantes, que sin ninguna otra pretensión que liderar un proyecto de bien común, alrededor de la Fundación Cañasgordas “Eusebio Borrero Velasco”, permitirán a la comarca recuperar un espacio vital para su historia.
Ojalá lo mismo se piense para las zonas verdes de Pance, que con las construcciones actuales están asfixiando el río, que es un icono para la caleñidad.
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