Diario Occidente

Cambio

Victor Manuel García

En Colombia nos hemos acostumbrado a muchas cosas, y como sociedad, hemos vivido a través de los más de 200 años de vida republicana, momentos que han representado una gran dificultad para el desarrollo del país, momentos que a su vez al repasar la historia se han convertido no en la excepción sino en la regla.

Todas estas situaciones han tenido unos denominadores comunes: la violencia, la pobreza y la exclusión, características que a su vez han “desembocado” en un grave problema estructural de desigualdad social y económica.

Nuestras instituciones históricamente han sido absolutamente “extractivas” de acuerdo a la clasificación entregada por Robinson y Acemoglu en su libro “por qué fracasan los países”, conformando un entramado institucional que en muchas ocasiones han estado subordinados a intereses políticos y económicos particulares.

Esta deformidad institucional que menciono, ha sido posible por diversas razones, pero principalmente, debido a los denominadores comunes anteriormente mencionados, a la dispersión geográfica y a su vez por la falta de identidad como una sola nación, generando procesos de una superlativa individualización de los intereses, donde el interés colectivo durante toda nuestra historia no ha sido una de las virtudes de nuestra sociedad.

Por esta razón no es de extrañar que en nuestro país, se tenga un “sello” de falta de planeación y previsión para la preparación o enfrentamiento de acontecimientos y amenazas que se ciernen sobre nuestro territorio.

Esta falta de planeación es el “pan de cada día” en todos los niveles de gobierno, desde el nacional, pasando por los departamentales y claramente los locales, y, la amenaza del Covid-19 es muestra de ello.

Es cierto, inicialmente ningún país estaba preparado para enfrentarse a semejante desafío, sin embargo, poco a poco se fueron decantando cuales sobre la marcha podían iniciar un proceso de planeación que enmarcara las acciones a emprender para la mitigación de la pandemia tanto en lo económico, lo social y obviamente desde el punto de vista de salubridad.

Saldrán a decir algunos que no nos debemos comparar con países desarrollados como Alemania o Israel, pero aún si bajamos los estándares de medición, comparativamente con otros países de la región como Chile o Costa Rica, Colombia no queda bien parado.

¿Cómo es posible el nivel de improvisación demostrado por el gobierno nacional en el proceso de acceso a las vacunas?

Desde principios del mes de diciembre, el mismo Presidente de la República anunció públicamente que en los próximos días se daría inicio con el plan de vacunación, plan que sólo fue ratificado hace un par de semanas que daría inicio el 20 de febrero, más de dos meses atrás que los procesos emprendidos por otros países latinoamericanos. Es tan evidente la improvisación que han ocurrido dos situaciones que la dejan expuesta públicamente:

1. Inicialmente se rechazó la propuesta de privados y gobiernos locales para comprar directamente con las farmacéuticas las vacunas, iniciativa desechada inicialmente por el gobierno nacional, ya que argumentó que desde el nivel central estaba todo listo y coordinado para realizar todo el procedimiento; como era de esperarse no existía tal preparación y en la primera semana de febrero, perdiendo tiempo valioso, le tocó retroceder y autorizar a los privados a realizar gestiones directamente.

2. En el mes de noviembre se descartó completamente por parte del ejecutivo la compra de vacunas rusas y chinas, esgrimiendo diversos argumentos, la mayoría de ellos basados en la confiabilidad de dichas vacunas. Pues bien, también a principios del mes de febrero dió un importante viraje a esta situación.

Respecto a este último escenario, por ejemplo, el gobierno nacional parecía estar muy mal rodeado, ya que incluso una senadora de la república, de manera irresponsable, pantallera y con un aliento que apela a la ignorancia de gran parte de la población, aseveró sin pena alguna que la vacuna rusa era “peligrosa” porque podrían implantar “chips de comunismo” en la inoculación.

No podemos seguir así, Colombia no puede seguir dando tumbos improvisados, no podemos seguir a la deriva como país y como sociedad, es momento de hacer un alto en el camino y comenzar a planear el futuro que realmente queremos para esta nación, este es un momento propicio para generar más allá de palabras y slogans de campaña, un verdadero cambio.

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