Cuando en los días del Paro, las tres ciudades más importantes del país, se encontraban en un profundo caos. Algunos sectores de opinión nos atrevimos a través de los medios de comunicación a plantear que, en Bogotá, Cali y Medellín, pero de manera particular en nuestra ciudad, se estaba dando curso a un levantamiento insurreccional bajo el modelo de “guerra urbana”. Que esto no era como en la década de los 60 y los 70 una protesta de jóvenes heroicos que se tomaban las calles, si no la puesta en marcha de un cuidadoso Plan que le apuntó, mediante el uso de la violencia construir las bases, para liquidar la democracia, en las próximas elecciones.
Lo cierto es que en Cali, los mismos sectores de opinión cerramos filas y asumimos una actitud crítica, cuando la Administración Municipal a través de su Secretario de Seguridad, montó ruedas de prensa cantando victoria con la reducción delictiva durante 2020 año de la pandemia, olvidando que esas cifras correspondían a un año de reingeniería del crimen organizado y que el 2021 iba a transcurrir, en un proceso de reacomodo y reposicionamiento, no solamente en los cordones marginales de la ciudad, sino que el control territorial se extendería a la ciudad misma, reeditando las formas de Gobiernos Criminal que desde hace una década se han establecido en la ladera, en el oriente y en el sur – Oriente de la ciudad, financiados por el narcotráfico y liderados política y militarmente por las Milicias del ELN, las disidencias de las Farc y los brazos armados del crimen organizado.
Lo que vivimos ayer con el intento de atraco en pleno centro de la ciudad a una sede bancaria y en plena hora pico de la mañana, es una demostración de que la ciudad está viviendo los códigos y las condiciones de los gobiernos criminales, implementados después del paro ante una Administración Municipal que no tiene como ponerle la cara a un año que como el 2021, va a terminar sin una política de seguridad y una inercia delincuencial superior a los 1300 homicidios con un promedio diario de 5 por día, como aconteció en la década del 90.
Para concluir, hay que dejar de mirar la ciudad como la sumatoria de muchas bandas criminales, porque lo que funciona en la actualidad son pequeños o grandes gobiernos criminales, que se extienden desde la marginalidad al centro de la ciudad.
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