Cali sucursal de paz

Hebert Celín Navas

Si hay una ciudad en Colombia que requiere trato especial y diferencial ahora que es inminente la firma final del acuerdo de paz y la entrada a la etapa del postconflicto es Cali. Desde la década de los 50 Cali ha sido azotada por la violencia, el 7 de agosto de 1956 siendo apenas una pequeña urbe de no más de 240.000 habitantes, la capital del valle fue estremecida por la explosión de 7 carros cargados de dinamita como hecho premonitorio quizá de lo que sería su destino en los años venideros.

Hacia la década de los 60 hasta el presente la ciudad fue objeto de grandes migraciones de otras regiones del país, principalmente del Cauca, Nariño y toda la Costa Pacífica, regiones a las cuales la violencia de los grupos guerrilleros y paramilitares aunados al abandono estatal y la pobreza llevaron a sus habitantes a buscar en Cali una especie de sueño americano, que en su inmensa mayoría quedaron en cinturones de miseria y focos de violencia, alimentando el surgimiento de los carteles del narcotráfico, con las funestas consecuencias de todos conocidas para la región y el país, de las cuales aún no hemos podido desprendernos y hacen de Cali una de las ciudades más violentas del mundo.

Los muertos en Cali en el presente año superan las cifras de muertos por las guerrillas, paramilitares y bacrin en todo el país en el mismo periodo.

Es por ello que nuestro Alcalde con su gran sensibilidad social debe liderar una propuesta ante los organismos nacionales e internacionales de hacer de Cali la sucursal de la paz.

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