Existe una particular teoría económica que habla sobre la importancia que tienen las expectativas racionales en una sociedad. La hipótesis económica dice que si un individuo piensa que va a suceder algo –por ejemplo que el estadio Pascual Guerrero se va a llenar debido al clásico de fútbol Deportivo Cali vs América-; y que si a la vez todos los demás individuos de la colectividad piensan de forma igual –y deciden ponerse su camiseta e ir a su estadio-; el suceso que fue previsto de manera individual –que para nuestro ejemplo sería visualizar un estadio verdirrojo y a reventar – y que tan sólo era una posibilidad, se termina dando con toda certeza. Un fenómeno parecido a lo anterior puede estar sucediendo actualmente en Cali, sino con el fútbol, sí con la confianza y credibilidad que estamos teniendo los caleños en el futuro económico de nuestra querida ciudad. ¡Cuando la economía se mezcla con la impredecible naturaleza humana, la ciencia de Adam Smith se vuelve especial!
Hace poco abrieron en Cali una obra en su Avenida Colombia, un túnel urbano que es catalogado como el más largo de Colombia. Y cada vez que tengo la oportunidad de atravesarlo, reduzco la velocidad de mi Twingo, entro a una especie de letargo donde el tiempo cambia de ritmo y comienzo a experimentar emociones positivas. Pero sin lugar a dudas la más importante de todas estas emociones es la de un inmenso orgullo urbano que me hace, como caleño, apostarle al futuro de nuestra ciudad. Por esta razón no me sorprende –pero sí me complace- que Cali, nuestra querida y cálida ciudad, haya ascendido diez lugares -al subir del puesto treinta al veinte- en el ranking de las ciudades de América Latina que son las más atractivas para la inversión económica de acuerdo con el Índice de Atractividad de Inversiones Urbanas, INAI de 2013. Conclusión: “La confianza no es otra cosa que confianza”.
rodrigofernandezchois@hotmail.com
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