Los proyectos de remodelación urbana, más que el desarrollo arquitectónico y el embellecimiento estético, deben buscar la descongestión vehicular y garantizar el espacio público peatonal.
Recuerdo que estos fueron algunos de los considerandos al proyectar el hundimiento de la avenida Colombia, que se transformaría en un túnel vehicular y en la parte superior configuraría el bulevar del río Cali.
Sin embargo, a más de un año de entregada la monumental obra, todavía no logra los objetivos que ameritaron su millonaria destinación presupuestal. Aunque esporádicamente se presenten algunos eventos culturales, aún no podemos afirmar que el bulevar del río Cali ya sea el espacio urbano de gran afluencia de personas y que motive a invertir para transformar los predios circunvecinos de engorde en locales que lo vuelvan una próspera zona comercial, cultural, hotelera y de restaurantes.
Faltan estrategias inmediatas que de verdad vitalicen esta franja urbanística de un kilómetro de longitud. Coadyuvarían a darle vida, entre otras acciones, la convocatoria semanal de grupos culturales para deleite del público. Las exposiciones artísticas que lo conviertan en lugar de encuentro de pintores, escultores y coleccionistas.
Las retretas de la banda departamental y los conciertos de la orquesta sinfónica, que aglutinen muchos caleños. En vez de empezar por aplicar el Plan de Ordenamiento Territorial demoliendo en los barrios las casetas comunitarias de vigilancia, por qué no tumban las tapias que en el bulevar del río Cali esconden varios lotes de maleza.
Que compensen el hecho de haber aislado el acceso vehicular al centro de la ciudad, remodelando el teatro Cinema, el hotel Menéndez y los inmuebles en ruinas, que hoy hacen del bulevar un lugar que ahuyenta romerías.
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