Buenaventura, se puede

Hebert Celín Navas

Al desplazarme por carretera hacia la ciudad, comienzo a preguntarme hasta cuando soportará la gente esta situación, después de 10 años de iniciada la  carretera de doble calzada desde Buga, no se vislumbra una fecha aproximada para su terminación, en mi sentir esta no estará lista antes del 2020, siendo la vía de mayor importancia para la debilitada economía nacional. Pero esto es solo el preámbulo de la desoladora imagen que se encuentra al entrar a la ciudad.

A la derecha se logran ver las imponentes construcciones de infraestructura de los terminales portuarios dotados de alta tecnología y donde la opulencia de la mercancía hace creer por momentos que lo mejor ha llegado para Buenaventura y sus habitantes, pero al bajar un poco la mirada y girar la cabeza alrededor, el panorama es sencillamente desolador, cuestionante y retador. Miles de hombres y mujeres afro de mirada limpia, fresca, con sonrisa amplia, sincera, deambulan por las calles, buscando alguna oportunidad para ganarse la vida en los más disimiles oficios derivados de la informalidad y el subdesarrollo, cantidad de profesionales sin una oportunidad de mostrar su potencial.

La crisis social de Buenaventura no da espera, no es humano que con la riqueza hídrica que baña su suelo solo tengan agua potable tres horas al día, que el desempleo llegue al 60%, que miles de niños y jóvenes no tengan la oportunidad de estudio, que el sistema de salud no funcione.

Buenaventura debe ser un propósito nacional, ahora que a raíz del paro la gente despertó, se debe organizar una verdadera estructura de poder que permita que los gritos desoladores de la pobreza sean escuchados por la soberbia clase dirigente.

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