Rosa María Agudelo

Bucaramanga, ciudad bonita

Rosa María Agudelo Ayerbe

Conozco buena parte de las capitales de departamento de nuestro país y cada vez que visito el área metropolitana de Bucaramanga me pregunto qué hace para ser tan distinta del resto.

Lo primero que me sorprende es su movilidad, de una manera fluida uno puede desplazarse  sin los interminables trancones. No se puede argumentar que sea un asunto de tamaño, porque en esta área habitan un millón doscientas mil personas y en muchas ciudades más pequeñas, como Pereira o Popayán, vemos nudos impresionantes.

El otro tema que se hace evidente es el respeto por el espacio público. En Bucaramanga todavía los andenes son para caminar, pues no están invadidos por ventas ambulantes. El rebusque en los semáforos tampoco es intenso.  También me sorprende que la ciudad ha logrado controlar los asentamientos subnormales y no se ven invasiones de la magnitud de otras ciudades.

No sobra mencionar la limpieza de sus calles, el cuidado de sus zonas verdes y el buen estado de las estaciones de su sistema de transporte masivo. El apelativo de ciudad bonita lo tiene bien ganado. La belleza y el orden son reflejo de un buen funcionamiento de la sociedad. En su vida urbana se nota que sus tasas de desempleo, de pobreza y de inequidad son unas de las más bajas del país e incluso de Latinoamérica. Lo anterior debe tener relación con el hecho de que Bucaramanga es una ciudad con alta formalización empresarial, un amplio tejido empresarial  y uno de los mejores niveles educativos del país.

Una economía, aunque pequeña, pujante y  cuyos beneficios se distribuyen  mejor a todos los ciudadanos genera sin duda un mejor lugar para vivir, no al contrario.

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