La salsa para Cali es la expresión cultural que la identifica, que la muestra ante el mundo. Así lo acabamos de comprobar con la nominación del Grupo Niche en los premios Grammy, versión latina, todo un honor para la agrupación, su director José Aguirre y la familia Varela. Todo lo contrario ocurrió con la pasada versión del Mundial de Salsa, abandonado por el público.
En el mes de marzo, Luz Adriana Betancourt, Secretaria de Cultura, nos dio una cita a Rafael Quintero, Luis Eduardo Hernández y mi persona. Le explicamos que el Festival se encontraba en una situación crítica.
Expusimos la necesidad de más presupuesto por cuanto la salsa es la identidad cultural de nuestra ciudad y reconocimos los errores estructurales del evento. De esa reunión, nombraron a Mulato como director artístico. En cambio, a Rafael Quintero y mi persona, que fuimos fundadores del evento, nos separaron. Posteriormente, nos invitaron a una “Mesa de música” que no cumplía ningún papel.
Este Festival fracasó porque no encontró respuesta del público.
En este momento, no sé si graves errores de producción artística y de concepto se le pueden atribuir a Mulato o a la Secretaría de Cultura, y espero entiendan que estoy haciendo un balance y no es nada personal, simplemente las órdenes eran confusas.
Desde el punto de vista artístico el Festival Mundial de Salsa requiere replantear dos categorías, Caleño y Ensamble; requiere revisar el Manual de Funciones, el reglamento, los narradores, los presentadores, la trasmisión de televisión, la polémica ausencia de presencia internacional, el papel de los jurados, en fin, son tantas cosas, porque el evento perdió credibilidad.
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