Bachilleres en la pandemia

Rodrigo Fernández Chois

En medio del aislamiento me convertí en el orgulloso papá de una bachiller. Las circunstancias sanitarias, las condiciones del grado virtual y la cuarentena me sumieron en una tristeza aquella noche. Sin embargo, le escribí a mi hija unas palabras para conmemorar la culminación de su etapa escolar. Palabras, que quiero compartir con los jóvenes bachilleres que la eventualidad hizo que recibieran su título en este complejo entorno.

Hoy es el primer día del resto de sus vidas. Y hoy siempre podrán elegir su destino, decidir cumplir sus sueños, ¡Pero antes tienen que soñar!

Todo lo que ven, escuchan, tocan e incluso pronuncian; fue primero un pensamiento antes de transformarse, gracias a la acción, en realidad. Por eso los sueños lo son todo; ¡Y no los hay imposibles! Quien cree, ¡Crea!

Todo siempre comienza con un sueño, con un deseo. Tómense el tiempo para pensar qué es lo que quieren, qué es lo que anhelan. El cómo lo hallarán con el hábito de prepararse y mejorarse a sí mismos todos los días. El que no sabe para dónde va, simplemente ya llegó. Nunca se conviertan en uno de ellos.

La vida es tiempo. Es movimiento. Nunca se está quieta. Cada día avanzamos hacia nuestro sueño o nos alejamos de él. Por eso tengan presente que nada ocurre por casualidad. Toda acción tiene una reacción. Es la ley de Causa y Efecto: buenas acciones, buenos resultados; malas acciones, malos resultados; no acción, no resultado. Y acciones extraordinarias, resultados extraordinarios.

No les deseo suerte porque la suerte no existe. La suerte es simplemente cuando la preparación y la oportunidad se encuentran… ¡Felicitaciones!

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