La autonomía desde el corpus doctrinal es considerada como la capacidad de cada universidad para regir su rumbo, autodeterminarse y manejarse internamente; lógico, sin descarrilarse ni salirse del marco legal.
La libertad de enseñanza era antes de 1991 el único referente constitucional para la construcción de la autonomía universitaria, hoy, con el bloque de tres artículos, 67, 68,y 69, de la carta constitucional se ha facilitado el avance de la jurisprudencia sobre este tema.
Las universidades son proteiformes, van cambiando, dependen de la cultura de la época, de las corrientes ideológicas, de la conducción que se les dé y las doctrinas que se impartan, de la libertad de cátedra y de la calidad académica: en esa medida, son aportantes a la sociedad.
Se observa cómo el poder nacional de las élites políticas y económicas deviene de ciertas universidades privadas bogotanas, donde la educación está dirigida con esa tendencias, para la formación de castas; en cambio, las universidades públicas han sobrellevado los bajos presupuestos y otras adversidades.
La Universidad Nacional siempre se ha inclinado en los aspectos masculino y patriarcal. Si aplicamos el método deductivo inferimos que esto ocurre en las otras 353 universidades que tiene Colombia.
Por observación de hace varios años, la Universidad Nacional aplica universales genéricos que en la práctica niegan el papel importante de las mujeres y peor aún: de negritudes, indígenas, demás raizales, y otros géneros, hoy de la vida trans.
O sea que las universidades colombianas no practican la pluriculturalidad constitucional.
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