¡Así no es!

Dilian Francisca Toro Torres

Que la política es dinámica y que en su accionar constantemente se están confrontando y revaluando las ideas y propuestas de país, es una sentencia muy cierta. Sin embargo, lo que no se puede aceptar es que existan algunos que pretendan hacer de la política un juego sucio en donde la calumnia y la mentira sean las herramientas para obtener ganancias ante la opinión pública, sin importar destruir la honra y el buen nombre de personas e instituciones.

Esta es una realidad que se ha podido palpar a medida que la contienda electoral que hoy se vive en el país se va acercando a su fin, y en la que vemos cómo hay personas que basados en el “todo vale”, buscan “quemar” políticamente a sus contrincantes electorales o incluso, aparecen bandidos que están inmersos en procesos judiciales, intentando sacar dividendos, calumniando a personas honorables.

Ser víctima de falsos testigos no solo afecta a la persona y a su familia, moral y legalmente, sino que también pone en riesgo el funcionamiento de la justicia penal en el país. Es una práctica que va en aumento y que es aprovechada por criminales y por quienes de manera mezquina y antisocial la usan para su conveniencia en agendas políticas de campaña.

Se trata de una situación que ya viví en el pasado cuando en el 2010, el paramilitar Armando Lugo, alias ‘Cabezón’, me acusó de tener vínculos con grupos de autodefensa, enlodando mi buen nombre. Armada de profunda paciencia y con total confianza en Dios y en la justicia, emprendí mi defensa y en el 2019, este mismo sujeto reconoció que le había mentido a la Corte y me pidió disculpas públicas por sus falsas declaraciones, con lo cual se cerró ese proceso en mi contra.

Más recientemente, el actual candidato presidencial, Rodolfo Hernández, también pretendió calumniarme a mí y a mi familia con falsas acusaciones, que posteriormente tuvo que desmentir públicamente.

Y ahora, surgen a través de un medio de comunicación las declaraciones de un bandido que está en proceso de extradición por narcotráfico, acusándome de haber tenido vínculos políticos con él, algo totalmente falso, pues a pesar de haberme enviado varias solicitudes cuando yo era Gobernadora del Valle del Cauca, me negué rotundamente a reunirme con dicha persona. Ante semejante calumnia ya tomé las acciones legales pertinentes para defender mi buen nombre.

Tratar de enlodar la reputación de los demás con falsos testimonios y acusaciones mentirosas, es una estrategia política que debemos rechazar. No se pueden normalizar los montajes, las ‘fake news’ e intentar destruir al otro a como dé lugar. No es de extrañar que quienes han visitado la Picota hoy impulsen declaraciones falsas de criminales que se dan desde las cárceles a los medios. Está también la libertad y responsabilidad de los medios de comunicación de entrar en ese juego antidemocrático.

Así no es. En tiempos tan trascendentales, cuando está en juego el futuro y el bienestar de 50 millones de colombianos no es posible que algunos sólo se dediquen a buscar cómo destruir a sus contradictores, en vez de conquistar la voluntad del pueblo con propuestas políticas que lleven a cerrar las brechas sociales, generar empleo, inclusión social y lograr la paz. Por el contrario, sólo los mueve el rencor y la venganza.

Por mi parte, tengo claro que, para llegar a la verdad, se necesita, tiempo, justicia y el poder de Dios, como lo he podido demostrar en situaciones del pasado. No podemos seguir permitiendo que el odio y el cálculo político se impongan. Colombia no soporta más división, es hora de trabajar unidos para alcanzar las transformaciones, sociales, económicas y ambientales que el país necesita.

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