Desde hace más de 60 años, Colombia viene sufriendo una cruenta guerra fratricida que ha dejado en nuestros campos desolación, desplazamiento y muertos; suficiente con decir que el conflicto interno que vive nuestro país es el más largo del mundo.
Estudios realizados por la oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc), que mide el avance o retroceso de los países del mundo para estos casos, pudo comprobar que Colombia pasó en los últimos diez años de ser un país con mayor número de homicidios en el hemisferio al quinto, detrás de Honduras, Belice, El Salvador y Venezuela, con una tasa nacional promedio de 32 homicidios por cada 100.000 habitantes, que, a pesar de ser tan alta, es menor que la que tuvimos para el período 1991-1993, que alcanzó los 90 sobre 100.000.
El documento expresa que tres factores mantienen la persistencia de la violencia en Colombia: la impunidad, el narcotráfico y la posibilidad de disponer de armas de fuego.
Comparto con el informe estos factores pues la impunidad en Colombia es muy alta y, como bien se expresa, sólo 20 homicidas están en las cárceles por cada 100 procesos, siendo la media en América del 50%; en los países asiáticos y europeos alcanza el 85%.
Nuestro sistema judicial es banal: los jueces -no todos- se venden al mejor postor, la corrupción campea por doquier y el sistema penitenciario está colapsado. Por su parte, el narcotráfico es una combinación diabólica con las Bacrim, las FARC y el ELN, completando este cuadro de terror la facilidad con que se puede adquirir un arma o alquilarla por cualquier cincuenta mil pesos para segar la vida de cualquier persona.
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