Quedaron desprestigiados quienes infundiendo miedo pretendieron amargarnos la navidad con \”el fin del mundo\”, según ellos, señalado en el calendario maya. A los astrónomos mayas jamás se les ocurrió tal charlatanería apocalíptica intimidatoria. Para no volver a creer en tales falsos profetas que no escatiman ningún temerario anuncio para convocar lucrativas jornadas de oración, invito a leer \”El Eclipse\”, cuento clásico de Juan José Arreola, que evitaría la repetición de la angustia bobalicona. Arreola narra cómo en la conquista de América, un fraile español fallidamente quiso engañar a los mismos mayas, ostentando \”el poder de hacer oscurecer la tierra\”, sin darse cuenta de que estaba frente a verdaderos astrónomos con un legado científico amerindio que se anticipó a los griegos.
\”Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura. Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén. Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles\”. (Cuentos. Arreola).
El calendario maya contiene mensajes éticos sobre la actitud humana en el planeta. El fin del mundo sólo puede fraguarlo el mismo hombre con deforestaciones, contaminación, crímenes, guerras, injusticias y hambruna.
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