Miguel Yusty

Armitage vs. Garrido Otoya

Miguel Yusty

Nunca me imaginé que a estas horas de mi vida y después de conocer tanto académica como políticamente mi ciudad, iba a descubrir que si era posible una disputa desde lo público entre dos importantes alfiles de la oligarquía caleña.

Por un lado, el alcalde Armitage ungido como el ejemplo más exitoso de un rico emergente, y por el otro el doctor Garrido Otoya, importante miembro de la aristocracia caleña, iban a ser protagonistas de este enfrentamiento no por minucias sino, por temas que como el transporte y la movilidad son definitivos en la calidad de vida. Tanto el uno como el otro ejercen a su manera y con sus emociones a la orden del día la defensa y la argumentación sobre unas denuncias de dudosa contratación que se han dado en Metrocali bajo la tutela del ex gerente Garrido Otoya.

Armitage en sus declaraciones ha planteado que no tiene ninguna responsabilidad en el tejido sinuoso de contratación montado por una doctora Ojeda y bendecido por el gerente, y que además el alcalde le advirtió con dos meses de anticipación que esa funcionaria no le   daba confianza, pues en ejercicio extraño decidió después de ser contratada, extender la contratación a una compañía de asesorías donde ella es la propietaria del 90%.

Lo cierto es que la investigación por la contratación de Metrocali, denunciada inicialmente por Gardeazabal, recogida posteriormente por el concejal Roberto Rodríguez, se ha convertido en uno de los tantos escándalos que si no hubiese sido por la audacia del escritor, los medios y los grupos de opinión que veían con buenos ojos la gestión del doctor Garrido, hubieran tapado este escándalo y los caleños hubiéramos quedado al margen del conocimiento y la experiencia que deja esta investigación.

Leídas y escuchadas las argumentaciones del alcalde y las del gerente de Metrocali, queda la sensación de que los caleños les vamos a quedar debiendo, porque todo lo que se ha evidenciado son afirmaciones confusas, y el MIO un palacio encantador donde reina la buena fe.

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