Sorprende y preocupa mucho el nivel epidérmico al que se quiere llevar el debate político en Colombia. Al debilitamiento de los partidos, y el impacto que este hecho tiene, se suman distintas actitudes.
En ciertos círculos la lucha por la Presidencia pone en evidencia que interesan más las frases y las imágenes que el análisis a fondo de lo que realmente importa.
Tan clara es esta tendencia que la contribución más reciente a la ciencia política nacional se ha limitado a iluminarnos con el profundo pensamiento según el cual es mejor malo conocido que bueno por conocer.
Cuando estamos obligados a defender la soberanía y cumplir obligaciones en la lucha contra la impunidad, resulta que hay quienes pretenden vender la teoría de que hay que reelegir a Santos porque los demás candidatos son muy malos. No debido a los inexistentes éxitos de la actual administración.
Una de las razones para defender la institución de la reelección es que permite que los electores juzguen el Gobierno que aspira a revalidar el apoyo de la gente. Pero en la Colombia de ahora ni siquiera se está invitando a que se analice a fondo el balance de Juan Manuel Santos. Eso es lo que conviene hacer porque cuando se quiere repetir hay que haber cumplido a cabalidad. De lo contrario, ¿cómo es posible que haya credibilidad en las propuestas del Presidente – candidato?
Esos debates tiene que plantearlos Óscar Iván Zuluaga. Debe hacerlo, de otro lado, presentando las iniciativas que le está planteando a los colombianos de manera que sean conocidas por el mayor número de compatriotas.
A Colombia le conviene que haya grandes debates sobre los caminos que se están ofreciendo para que el futuro sea mejor.
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