Tuve la oportunidad de asistir a un show de Delirio y quedé impactado con el montaje, organización y producción, donde la fusión de circo, salsa y una orquesta en vivo engalanan la noche de Cali, siendo sin temor a equivocarme el espectáculo más grande del país.
Pero no me voy a detener a hablar de las bondades y maravillas de ese excelente emprendimiento cultural, porque quiero aprovechar este espacio para enaltecer la labor de Andrea Buenaventura, quien es la responsable de la reivindicación de lo que somos a través del baile.
Esta mujer, desde hace ocho años, lleva la bandera de la fundación Delirio, una propuesta altamente revolucionaria convertida en una marca llena de éxito.
Esta caleña es un ejemplo de lo que suelen llamar ‘berraquera’, tenacidad, empuje y disciplina, y me enorgullece su trabajo social al brindarle un escenario lleno de luces y magia a esos jóvenes talentosos que se forman en los barrios populares de la ciudad y que tienen en Delirio la posibilidad de seguir soñando.
Ese es para mí el gran ingrediente de toda su labor, cuando no duda en apoyar a esas escuelas de salsa que se esmeran por mostrar un trabajo profesional, con bailarines que entregan cada último viernes de mes toda su energía en escena.
Delirio es más que una gran idea de negocio, es un sueño de muchos, una bella realidad para quienes disfrutamos la salsa en toda su dimensión y para esos más de 300 artistas y 150 productores que siguen conquistando el mundo haciendo vibrar a miles de personas.
Cali necesita personas como Andrea, para devolvernos la confianza de que todo es posible y de que la ciudad está llena de personas que dejan en alto la cultura vallecaucana.
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