Amores criminales

Iván Cancino

El libro Amores criminales no solo es una obra entretenida y que hace que el lector una vez la empiece, la disfrute de principio a fin. Es una fuente de casos a resolver y debatir en salones y tertulias de derecho penal.

Desde la legítima defensa en casos de maltrato a mujeres, como le ocurrió a Cristina hasta los dilemas sobre los alcances y veracidad de las confesiones, dilema que se le propone a la detective Fonseca quien investiga el homicidio que es aceptado por su tío, sin haberlo cometido.

En esa misma historia la discusión sobre las labores de legalidad del agente encubierto y sus requisitos nos enseñan que a veces la tristeza del alma lleva a personas alcohólicas a causar incendios, la pregunta sería ¿causar un incendio por alcohol como vicio adquirido es causal de inimputabilidad, como le pasó al papá de Carmen?

Esa misma tristeza del alma es la que lleva a Fernando a disparar contra Jair, su entrañable amigo, su hermano de la vida, al enterarse sobre lo que su hermana había sufrido y lo cansada que se sentía de las vejaciones que este “hermano” le causaba. ¿Tendrá alguna causal eximente de responsabilidad?

Así las páginas nos llevan a Abelardo, a las hermanas Castro y a su madre Clementina, una es víctima de un “gringo”, la otra, acaso por ira o intenso dolor, acaba con la vida del extranjero y la madre la ayuda a ocultar y desaparecer el cuerpo. Interesante caso para estudiar las reglas de autoría y participación en un delito, así como el dolor o la ira como “atenuante” del mismo.

También podemos ver el feminicidio en la narración de la venganza y cómo los celos no siempre son, es más casi nunca serán, la forma para atenuar disminuir o eliminar culpabilidad, lo que Carlos hace con Andrea es injustificable, lástima que el final impide un juicio penal en contra del delincuente.

En fin, quedan más historias llenas de elementos de interés para una clase de penal, pero también es un libro entretenido que se lee muy fácil porque atrapa al lector. Está escrito con lenguaje coloquial, pero profundo.

Ojalá todo aquel que le guste la literatura del crimen lo lea y además que los profesores de derecho penal lo usemos como una buena herramienta para el debate de la dogmática penal.

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