Leonardo Medina Patiño

Alcántara

Leonardo Medina Patiño

Siempre que lo encuentro tiene un proyecto en mente o está ejecutando otro, o en mitad del fragor que implica llevar la vida de artista. Estudió en las mejores academias de arte plástico, entre Estados Unidos y Roma.

Supo hacer del arte, de esa otra manera de mirar el mundo, de interpretarlo, su estilo de vida. Fue altivo en aquellos años en que ser rebelde implicaba casi una sentencia de muerte, y debió salir del país antes de que llegasen los “tiras” a su puerta.

Tuvo valor para enfrentar una institucionalidad, que aún nos avasalla, incluso con los trámites burocráticos que lo he visto padecer.

Pedro Alcántara tiene una trayectoria en la historia del arte Latinoamericano como pocos hoy, en Colombia. Pero, con el paso de los años la situación no es la misma, y quizá sólo algunas exclusivas galerías de arte que saben comprender la valía de sus trazos, exhiben sus pinturas.

Acompañado de la muy querida Mónica Herrán, fotógrafa excepcional, vive apaciblemente y se esmera inagotablemente para proseguir en la brega, cuando el viento no sopla en su favor. Muchos amigos hablan, dicen, desdicen, pero hay que concretar y alzar la voz para apoyarle en un momento crucial de su existencia.

Hago un llamado entonces desde estas cortas líneas para iniciar una cruzada, como la que ya algunos empezaron, para que Pedro y Mónica Herrán logren pasar el chaparrón dignamente, como hasta ahora lo han venido haciendo, evocando el poema de Almafuerte “con el tesón del clavo enmohecido, que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo” y no arrepentirnos después, por haber pasado en silencio en estos días en que se requiere la mano de los amigos.

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