Durante el mes de mayo Colombia ha afrontado emergencias ocasionadas por la intensificación del invierno. Sin duda, las causas son ajenas a la voluntad de las autoridades pues el volumen de las precipitaciones es incontrolable.
Sin embargo, el país no puede quedarse con la justificación de que llovió en unas horas lo que llueve en días, argumento que se escucha cuando nos bloquean las inundaciones o se presenta un deslizamiento. Tampoco podemos seguir con el “cuento” de que tal sector está por debajo del nivel de un río. Lo que vengo oyendo de las autoridades es un discurso que llama a acostumbrarnos a las tragedias.
Los colombianos no deberíamos sentirnos satisfechos con los informes sobre atención oportuna y eficiente de las emergencias, deberíamos exigir una gestión orientada a la prevención y mitigación de los riegos.
En el caso de Cali, los puntos críticos son los mismos. La crónica de las inundaciones está escrita. Actualmente en la ciudad se debate un plan de inversiones para mejorar la movilidad y se buscan alternativas para financiarlo. Más allá del plan Jarillon, ¿Qué plan de infraestructura existe para evitar las inundaciones? La situación del alcantarillado de la ciudad es crítico. No se da abasto ante un corto aguacero.
En el oriente es una realidad que hay sectores por debajo del nivel del Cauca pero no me cabe en la cabeza que la ingeniería no tenga una solución a estos problemas. La ciudad tiene pocos recursos, también es una realidad, por eso se hace prioritario tener un plan general de inversiones que permita visualizar, priorizar y trabajar en todos los temas. La agenda de Cali no la puede seguir poniendo las variaciones del clima.
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