El diccionario de la Real Academia Española dice que el estiaje es el nivel más bajo o caudal mínimo que en ciertas épocas del año tienen las aguas de un río, por causa de la sequía. El Valle está sufriendo en seis municipios por la sequía que trajo el estiaje, y por otros factores antrópicos acumulados e incontrolados.
Y a la sequía la trajo el cambio climático, el fenómeno del niño, el descuido en el manejo de las cuencas hidrográficas, la tala intensa sin control de bosques naturales, negociantes de madera para fabricar muebles y por los “fabricantes” de carbón vegetal para surtir todos los restaurantes que cocinan con leña en el Valle.
En Cali los cortes del servicio de agua ya son frecuentes, durante el invierno por las empalizadas y por la turbiedad debido al deslave de terrenos por la pérdida de los canales de escorrentía, entonces: la lluvia arrastra tierra que se vuelve lodo. Y ahora ante el verano intenso presidido por el fenómeno del Niño, los caudales bajaron y el racionamiento se presenta hasta en el Oeste de la ciudad, donde supuestamente nunca faltaría.
El Oeste contaba con las mejores aguas, las del río Cali, mucho antes que parcelaran e invadieran la zona de su cuenca en los Farallones.
Barrios como San Antonio, El Peñón y todos los de influencia, vieron abruptamente suspendida el agua en las noches sin previo aviso. Y en las comunas 18 y 20 abastecidas por el río Meléndez, que también han gozado de excelente agua, ahora están sufriendo de cortes de agua prolongados y deficiente suministro por el estiaje. Las calles de estos barrios ven desfilar carrotanques como en los pueblos más atrasados de América latina.
El cambio climático extremo engaña a climatólogos y meteórologos, a tal nivel que ya se acostumbraron a rectificar sin ruborizarse. Es un cambio producido por el calentamiento global al afectarse la biósfera llena de gases de efecto invernadero por el uso masivo de combustibles fósiles que no han sido frenados.
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