Nuevamente nuestro departamento está en jaque por cuenta de la sequía. Los incendios forestales y la escasez de agua están golpeando por todos los frentes. Solamente en Cali se encuentran sin el suministro de agua cerca de 600 mil personas, habitantes de las comunas abastecidas por las plantas Río Cali y La Reforma.
Su situación se agrava debido a que los carro tanques de los bomberos, que deben suministrarles el agua, están siendo usados también para atender las conflagraciones que se registran en las zonas rurales de Cali, Yumbo y Jamundi. Hace menos de dos años estábamos en esta misma situación.
También hace cinco, hace siete y así sucesivamente. Desde que tengo uso de razón hemos afrontado sequías, cada una más intensa y prolongada que la anterior, con sus respectivos racionamientos de agua y energía sin que se tomen medidas conducentes a mejorar estructuralmente la situación.
¿Esta vez será distinto? Es probable, lo nuevo es que en esta ocasión la crisis coincidió con la campaña política, así que hemos escuchado a todos los candidatos hablando de sus planes de gobierno para solucionar el problema yendo más allá de plantear la realización de estudios y refiriéndose a alternativas planteadas por expertos en la materia.
Nuestro departamento cuenta con el conocimiento de la Universidad del Valle y en su interior con el Instituto Cinara, entidades que por años han evaluado, monitoreado y planteado alternativas para mejorar las condiciones de abastecimiento de agua.
Justo sería para los habitantes de la región que finalmente llegaran mandatarios que las pusieran en marcha.
Espero que las intenciones de los candidatos no se queden en eso y que finalmente los elegidos asuman con responsabilidad uno de los problemas más serios que afrontamos los vallecaucanos y que compromete la viabilidad de nuestra región.
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