La maestra Elba Gutiérrez de Lerma, “Elbita”, partió hacia la eternidad, víctima del Covid-19, sino hubiera seguido más de un siglo, vital, cariñosa y altruista, como una Mamá Grande. En su casa a todos recibía con su calor humano y palabras alentadoras. La buena vecina del barrio Berlín y la gran líder social entregada a su comunidad. La maestra de vocación que repartió saberes por más de cuatro décadas. Como el buen sembrador, regó semillas, ninguna marchitó, todas crecieron, Elba supo al camino estéril volverlo tierra fértil.
García Márquez dijo que las personas sólo mueren cuando se les olvida. Elbita seguirá siempre viva porque la recordaremos cuando salíamos a su encuentro, ávidos de sus tiernos abrazos. Desde hace 55 años me consideró su hijo adoptivo. Después fui su colega, su camarada sindical y su contertulio familiar. Ella vio nacer a mis hijos y me consoló cuando murieron mis padres. No pudimos visitarle en su lecho vencida y compensarle las tantas veces que ella lo hizo con nosotros para irradiarnos su energía sanadora. Muchos nudos se hacen en las gargantas porque tendremos que llorarla resignados en cada casa, la maldita pandemia nos impidió despedirla masivamente junto a un féretro, como ella lo merecía. “Cuando una amiga se va, cuando Elbita se va, deja un espacio vacío, que jamás podremos llenar, con la llegada de otra amiga”.
Adiós Elbita, te esperan en la eternidad otros tantos maestros, que, como tú, también partieron víctimas del Covid-19. Intercede ante el Creador, que nos proteja a quienes todavía seguimos en la tierra. Para ti, muchas flores amarillas.
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