¿Acuerdo o manifiesto?

Nada es más de-seable para el país que dejar atrás, definitivamente, el terrorismo que ha ensangrentado el suelo de Colombia y vestido de luto a miles de familias.

Por esta razón el respaldo que tiene la idea de la paz es casi unánime. Pero, idéntico motivo hace que cada vez que se emprende un nuevo esfuerzo para lograr este fin, mediante la vía política, éste sea rodeado de escepticismo.

Es natural. Nada distinto puede esperarse cuando los grupos terroristas hablan de paz al mismo tiempo que hacen violencia. No obstante gobierno y Farc conversan bajo el principio de que nada está acordado hasta que todo esté acordado y en rueda de prensa se leyó un comunicado para informar a la Nación sobre un paso trascendental. En primer lugar, cuando se lee el documento por medio del cual se hicieron los anuncios, lo que se encuentra es un texto enunciativo de temas y de buenas intenciones, al mejor estilo de las campañas políticas que van quedando en el pasado, toda vez que los ciudadanos reclaman concreción.

No hay detalles sobre ninguno de los puntos, es decir, no se ha dicho qué fue lo que se acordó. De otro lado, ahora es claro que se carece de entendimientos acerca de asuntos propios del primer punto. Y están lejos de ser aspectos menores. Se trata del latifundio, de elementos de las zonas de reserva campesina, de la mi-nería, de la inversión extranjera y de las multinacionales.
Finalmente, el inefable Márquez, pone la última puntilla, al hacer referencia a “salvedades puntuales” que
“tendrán que ser retomadas”.

En conclusión, todavía no hay nada. La verdad es que, más que de un acuerdo real, se trata de un manifiesto político. (Editada por espacio)

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