Acción, reacción y viceversa

La semana pasada abordé en este espacio editorial el tema de los libros, por ser una nota que se publicó en el Día del Idioma e indiscutiblemente por la triste partida de nuestro Nobel de Literatura.

Señalé en ella también la singularidad que tienen los libros de superación así como la de las personas que suelen recomendarlos, y que es bien sabido que este tipo de obras son consideradas bodrios por la inmensa mayoría de críticos literarios, opinión que llegué a compartir sin formar parte de tan distinguida cofradía.

¡Es que los absurdos títulos de muchos de estos escritos sí que alentaron esta impresión! Sin embargo, he cambiado de parecer. Muchas de estas obras me han ayudado a entender que los amaneceres son inminentes a pesar de haber creído que las noches eran eternamente oscuras.

Por estos días, una querida amiga de mi mamá me recomendó un libro que por su título jamás se me hubiese ocurrido comprar o leer.

“¿Quién se ha llevado mi queso?” es un libro escrito por un sicólogo americano de apellido Spencer de una elemental narración, sin pretensiones de estilo ni anhelos intelectualoides, de una simpleza original, pero acaso no decía Séneca que “el lenguaje de la verdad debe ser simple y sin artificios”.

Hallé en él una especie de parábola, una valiosa enseñanza de que todo cambia y de que tenemos que estar siempre dispuestos a aceptarlo.

Pero ante todo, que debemos reaccionar de forma inmediata aplicando la Tercera Ley de Newton: si hay una reacción de nuestra parte ante un cambio seguro habrá también una favorable reacción en nuestro entorno. Y todo dependerá de qué tan acertada y temprana sea nuestra reacción.

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