Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Abuso de confianza informativa

Luis Ángel Muñoz

La costumbre  perniciosa,  la adicción maníaca, el aislamiento individual y  la disociación familiar, no son los  únicos males en el uso de las redes sociales. El  Facebook,  los  WhatsApp y el Twitter,  se han convertido en armas peligrosas y efectivas contra el honor y la fama de las personas.

Lo grave es que esto ya hace carrera porque lo empiezan a estereotipar algunos personajes con poderes políticos y clasificados en la cima de la pirámide social, sin darles vergüenza  de ser unos  malos ejemplos para los consumidores de sus mentiras.

Si los verdugos del conflicto armado  aceptaron  de manera pública conceder a los familiares de las víctimas el derecho a conocer la verdad, también estarán obligados a hacerlo aquellos que atacaron el honor de las personas y tergiversaron  la información.  De ninguna manera la arrogancia  del calumniador  puede   excusarlo argumentando que se trata de una mirada personal,  que es una retaliación que  merece su detractor  y que  obedece al ámbito subjetivo de la opinión  libre, que también  puede hacerla pública por estar igualmente  amparado  por el derecho a informar.

Pero con  la calumnia no sólo se atenta contra el honor personal de alguien en particular, sino que también se actúa de manera infame contra la comunidad porque se le ha informado distorsionando la verdad. Carlos Soria, periodista español,  invitado por la Universidad Pontificia Bolivariana  a disertar sobre el tema de  la ética en los medios, tiene este juicio  contundente: “Desinformar, o lo que es igual, difundir aparente información, es un fraude social, un caso paradigmático de corrupción, un abuso de confianza informativa”.

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